Contratos de litio con Rusia y China generan preocupación por “grandes daños” ambientales

Ambientalistas y comunidades de Potosí alertan sobre el uso excesivo de agua y la falta de planes para manejar residuos en la explotación del litio.  

Los contratos firmados por el Gobierno boliviano con empresas de Rusia y China para la explotación de litio en el salar de Uyuni han generado una “gran preocupación” entre ambientalistas y comunidades locales. Los principales temores se centran en el uso excesivo de agua dulce y la falta de un plan claro para manejar los residuos generados por las operaciones. El salar de Uyuni, ubicado en Potosí, es la mayor reserva de litio del país, pero también una zona vulnerable a los impactos ambientales.  

Líderes ciudadanos de Potosí, como Alberto Pérez, presidente del Comité Cívico Potosinista (Comcipo), han expresado su descontento con los proyectos, argumentando que las comunidades recibirán “migajas” de las regalías mientras soportan los mayores impactos ambientales. “Nos vamos a quedar sin agua, nadie nos ha consultado nada y somos los más afectados si estos proyectos no dan frutos”, afirmó Pérez. Expertos como Héctor Córdova, de la Fundación Jubileo, y Gonzalo Mondaca, del Centro de Documentación e Información Bolivia (Cedib), coinciden en que los contratos carecen de estudios sólidos sobre el impacto ambiental.  

El Gobierno boliviano firmó en 2023 acuerdos con las empresas chinas CATL BRUNP & MOC (CBC) y Citic Guoan, y en 2024 con la rusa Uranium One Group, para la explotación de litio. Estos contratos implican un consumo anual de 1,8 millones de metros cúbicos de agua por parte de la empresa rusa y 5,1 millones de metros cúbicos por parte de las firmas chinas. Mondaca señaló que, aunque el Gobierno ha presentado datos que intentan minimizar el impacto, los valores de consumo de agua siguen siendo “muy elevados” en comparación con proyectos similares en otros países.  

Otra preocupación es el manejo de las salmueras residuales, que podrían generar hundimientos en el salar y afectar la calidad del recurso. Mondaca explicó que la tecnología utilizada permite recuperar un 80 % del litio, pero genera grandes cantidades de residuos sin un plan claro para su disposición.

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