Mientras el Estado debe poner cada vez más recursos a la subvención, los ingresos generados por la explotación de hidrocarburos han registrado una drástica caída.
En 2023, la subvención a los hidrocarburos representó el 4% del Producto Interno Bruto (PIB) boliviano, superando los ingresos por regalías e impuestos del sector, según un análisis del economista y exministro de Hidrocarburos, Mauricio Medinaceli. Este aumento pone en evidencia una creciente presión sobre las finanzas públicas.
Un reciente artículo de Medinaceli destaca que 2022 marcó un punto de inflexión en el sector de hidrocarburos, con las importaciones superando a las exportaciones. Sin embargo, en 2023 se presentó un desafío aún mayor: la subvención a la gasolina y el diésel sobrepasó los ingresos por regalías, el Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) y el Impuesto Especial a los Hidrocarburos y Derivados (IEHD). Este cambio refleja un deterioro en la sostenibilidad del sistema, que hasta 2019 generaba un balance fiscal positivo.
En cifras, Medinaceli comparó que, en 2019, la subvención representaba el 1,58% del PIB, mientras los ingresos del sector equivalían al 4,48% del PIB. En 2023, la situación se invirtió: la subvención alcanzó el 3,99% del PIB y los ingresos, apenas el 3,49%. Además, desglosó que la importación de diésel y aditivos absorbió gran parte de la subvención, con un peso del 2,41% y 1,52% del PIB, respectivamente.
El economista advirtió que la caída en la producción de gas natural agrava esta tendencia y proyectó un panorama crítico para las finanzas públicas si no se toman medidas correctivas. “El desafío para el próximo presidente (sea quien sea) es claro: revertir esta situación en un afán por sanear las cuentas fiscales”, enfatizó. Según el Presupuesto General del Estado (PGE) 2025, el Gobierno prevé destinar 15.156 millones de bolivianos a la subvención este año.





